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Diario del gran apagón

LO ÚNICO que funciona es la paciencia, dijo una señora en el bazar chino   Vivo en un séptimo piso. Suelo subir y bajar a pie pero al mediodía de ayer lo hice en ascensor porque venía del supermercado con la compra de la semana. Acabé de guardar las cosas y a las 12 y media me senté en el balcón a descansar. Poco después escuché a un vecino llamar por teléfono desde su balcón para encargar una botella de butano. Qué curioso, alcancé a pensar sin pensar, porque sé que en este edificio todas las cocinas funcionan con electricidad. Un rato después golpearon a la puerta. Golpeamos, me explicó Diego, porque el timbre no funciona, no hay luz en todo el pueblo. Poco después llegó un mensaje de otro amigo diciendo que era toda la península la que sufría un apagón.   A las 12h33, a la hora del apagón, sólo había un vecino en el ascensor. Tardaron dos horas en abrir las puertas y sacarlo por un boquete. Entretanto, a la entrada, bromeamos con un grupo de vecinos sobre quién ya tiene el ...

Una mujer y un hombre

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EN Un hombre y una mujer , la célebre película de Claude Lelouch, recordada sobre todo por su música, Dabadabadá, dabadabadá , los protagonistas, ambos viudos recientes, se conocen en un tren que va a París y si la atracción que sienten es inmediata, ella resiste en un primer momento por apego a la memoria de su marido fallecido. En L'orage rompu  (La tormenta desatada), esta novela de Jacqueline Harpman, la mujer y el hombre se conocen en un tren que viene de París, donde la protagonista ha asistido al funeral de su exmarido, y si ella también resiste a la atracción inmediata, en su caso no es por apego a su ex, del que lleva años separada, sino por algo tal vez más simple o más complejo. Qué es ese algo que la lleva tanto a dejarse ir como a resistir es el asunto de la novela. La diferencia de fondo entre la película y la novela tal vez radique sin embargo en el punto de vista que, tratándose de la obra de Harpman, es asumidamente femenino. Es la protagonista quien da cuenta...

Adiós salvaje

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  BOGOTANO, Sergio Guataquira Sarmiento lleva en su nombre las señas de su identidad mestiza: un apellido indígena, el otro castellano. Cineasta, formado en Poitiers y Lovaina, Guataquira se entera de que una ola de suicidios hace estragos entre los indígenas de la Amazonía colombiana. Se acerca entonces a esa Colombia remota para entender qué puede estar pasando y de paso acercarse también a esa parte desconocida de su identidad. Allí conoce a Laureano Gallego, un indígena caúca, un  indino , como él mismo dice, que acepta mostrarle su vida y la de su familia y su comunidad. El resultado es este filme documental, Adieu sauvage . Hay en Adiós salvaje equívocos miméticos de los buenos: «Yo quería ser como Wesley (el hijo mayor de Laureano), confiesa el cineasta y resulta que Wesley quiere ser como yo». Laureano, a quien la epidemia de suicidios, a punto estuvo de tocar en lo más íntimo, cuenta que en su comunidad seis hermanas se mataron una tras otra. Esto de los suicidi...

Maugham de memoria

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ESTOY lejos de haber leído todo lo que publicó Somerset Maugham, escritor prolífico y muy leído en su tiempo. Algo he leído y alguna reseña sobre esas lecturas he dejado escrita. Hace poco Neil Davidson recomendó  este libro. «Es mi biblia», dijo. En VO se llama The Summing Up,  no parece haber versión en español y yo leí la versión francesa porque me quedaba a mano. El título fue traducido como Memorias, sin embargo que es más un resumen que un compendio de recuerdos porque el autor no cuenta su vida sino más bien las lecciones que su vida le ha deparado, como bien dice Davidson. Maugham (SM, en adelante) nació y murió en Francia y vivió en el país galo buena parte de su vida, al punto de que se lo tiene por el más francés de los escritores ingleses y ha sido llamado el Maupassant inglés por su manejo consumado del relato breve. Aun así, su trasfondo es profundamente inglés. El dice sólo haberse sentido inglés lejos de Inglaterra aunque esto último tal vez pueda ser con...

Me gustó todo de «Vermiglio» y sobre todo estos cuatro momentos

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EL HABLA de la gente de Vermiglio , la película de Maura Delpero, se llama solandro y tiene unos prontos de español que te dejan pensativo. Luego me entero de que el solandro es una de las hablas del ladino. Que no es el ladino que habla o hablaba la diáspora sefardí, sino la lengua de la Ladinia, la región del Alto Trentino, en el arco alpino del norte de Italia. El maestro del pueblo, que es también el padre de la familia que protagoniza el filme, se empeña en que los habitantes de Vermiglio no hablen solandro sino italiano. Pero en la intimidad de la habitación con su mujer habla en solandro. Me gustó mucho Vermiglio y por suerte no soy el único. Ser considerada cine antropológico no le impidió ganar el León de plata en Venecia ni ser seleccionada para representar a Italia al Oscar a la mejor película extranjera. La vimos en el cine del pueblo tras tragarnos diez minutos de sinopsis destempladas y otros tantos de publicidad chillona. Después de eso, detenerse en unas imágenes que d...

La inversión de la pirámide invertida

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  MUCHAS cosas han cambiado de entonces ahora y de allá para acá.  Hay una por la que empujé un poco cuando cabrito y que ha terminado cayendo por otras razones. Me refiero a la pirivuelta que se ha dado la pirámide invertida. Enseñaban en las escuelas de periodismo que la redacción de una noticia debía respetar esta jerarquía: arriba lo principal, los abundamientos al centro y al final los detalles. Buenas razones explicaban esta modalidad que por lo esencial era una herencia del periodismo de tipo tipográfico. Una pagina de periódico era un espacio físico que se iba llenando con el cuerpo de las noticias. Cuanto estas entraban en colisión, a la hora en que escaseaba el espacio, mayormente a la hora del cierre de la edición, el tipógrafo cortaba por lo sano, es decir que cortaba por abajo. Por lo tanto había que salvar la conclusión poniéndola en el primer párrafo. Y sacrificar la calderilla dejándola a la zaga. Los que fungíamos de renuentes a esta sacrosanta regla la consid...

Escaparse con los tuaregs

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ANOCHE VI  El cielo protector .  De la que sólo recordaba el monólogo final de Paul Bowles. Vale por eso, por ese monólogo. Ya los dringos moviéndose por el desierto de punta en blanco y entrando tan cómodamente en el rubro Romance y Aventuras acaban hostigando. Verlos decir cosas agudas y sensibles mientras follan sobre un fondo de dunas y palmeras (y camellos), por qué no, pero tampoco era necesario llenar de moscas las caras de los marroquíes.  Entiendo que Bertolucci comenzó siendo asistente de Pasolini pero por lo visto acabó haciendo más o menos lo contrario. La escapada final con los tuaregs es interesante pero no resiste la comparación con La mujer adúltera de Camus, que lo cuenta mejor y sin tanto tralalá. La película se llamó  Refugio para el amor  en Argentina, con eso te digo todo. Lo que digo, vale por el monólogo de Bowles, que voici : COMO no sabemos cuándo vamos a morir llegamos a pensar que la vida no tiene fin. Pero todo ocurre apenas unas c...