Un chiste de don Otto
PUEDE que haya alguno que no pero en general y a granel los chistes de don Otto son malos. Hay que decir para los lectores de provincia que en Chile un chiste de don Otto es uno de alemanes. Lo digo por la desazón que alguien pudo sentir anoche al conocer la noticia. Son de una mediocridad supina, me dice la Ce, hablando de los protagonistas de los chistes de don Otto, que ella conoce de primera mano. Se encontraron protagonizando el chiste de ser parte de la elite gracias a Pérez Rosales. «Nunca salí del habla que el Liceo Alemán me infligió en sus dos patios como en un regimiento, mordiendo con ella el polvo de un exilio imposible», escribió Enrique Lihn. Por suerte no duró mucho la desazón, que puede imputarse también al efecto conjugado del crepúsculo de un domingo de invierno y del espesor de un año que no se termina nunca. Una buena noticia de ayer, alguna tenía que haber, es que el joven AP retomó el relato del Camino de Santiago que hizo en otoño y que llama De Santiago a Santi...