Dos viñetas sobre la inmigración en este pueblo
ESTE ES un pueblo blanco, con sus casas encaladas entreveradas en la colina y coronado por un castillo de piedra que mira el mar. Y es blanco también en el sentido de que la piel de su gente lo es aunque esté curtida por el sol abundante. Suelo contar que este pueblo lo han formado cinco oleadas sucesivas de migrantes a lo largo de su historia. Por orden de llegada: los fenicios, los romanos, los árabes, los castellanos y los noruegos. Esto último es una chirigota, aunque bien es verdad que últimamente vienen aquí unos cuantos escandinavos, sobre todo en invierno. Pero también poco a poco se han ido instalando dos comunidades de gente llamada de color , al punto de ser ya fácilmente reconocibles. La mayoritaria la componen los senegaleses. Hombres jóvenes que se han desembarcado de pateras y abrigan la esperanza de un día traer a los suyos que quedaron en sus pueblos. Algunos, los menos, ya lo han conseguido. Trabajan en la venta ambulante de camisetas y de ropa deportiva y en la ...