Tres recuerdos con José Bengoa
CORRÍA el año 76. Más que correr el año aquel se escapaba cuando no arrastraba los pies. Eran los primeros tiempos de la dictadura y de la peor ola de la represión que no terminaba nunca y lo peor era que sospechábamos que duraría todavía unos cuantos años más. Tras haber sido expurgada de lo mejor de su profesorado y clausurada, la Escuela de Sociología había reabierto sus puertas a un pequeño número de estudiantes. Defraudados por el nivelito que presentaban sus cursos fuimos con José a la sede de la Flacso, donde había encontrado refugio lo mejor de las ciencias sociales de entonces, a pedir literalmente auxilio: queríamos formarnos, escuchar las voces de los que sabían cómo había que entender lo que nos había caído encima e intentar cambiarlo. Pepe Bengoa, lo recuerdo grande y fuerte, física e intelectualmente, nos acogió y consiguió que las lumbreras de la época aceptaran darnos unas clases en las que podíamos escuchar y debatir abiertamente. Y gratuitamente, cla...