Cellini, Alcott, Marconi, una anécdota tras otra
CUENTA Cellini en su Autobiografía que estaba intentando obtener en un horno fabricado por él mismo el bronce apropiado para modelar su célebre Perseo y fracasaba en todos sus intentos, de manera que in extremis echó mano a toda la vajilla de estaño que había en su casa, la echó al horno y por fin dio con la alianza que buscaba para dar forma a la que sería su obra definitiva. Louise Alcott, que cuando joven fue vecina de su admirado Henry David Thoreau, cuenta por su parte que tras el sonoro e inesperado éxito de su Mujercitas, los numerosos admiradores jóvenes que acudían por docenas a su domicilio para conocerla se mostraban a menudo decepcionados delante de la figura de la escritora, que ya no era joven y nunca había sido especialmente agraciada. Al punto de que uno de ellos no pudo dejar su mostrar su decepción y exclamó: «Pero yo pensaba que usted era estupenda»... Cuando se enteró de que un incendio había destruido...