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Un señor pas comme il faut

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PERO cómo no han hecho una película con esta historia, me pregunté cuando terminé de leerla, teniendo en cuenta lo de moda que está lo  queer  en el cine y no sólo en el cine. No tuve que buscar mucho, sin embargo, para encontrar un guion  basado en la novela y escrito nada menos que por Hugo Claus, que es de lo mejor que hubo en Bélgica como escritor en el siglo XX. Supongo que Claus no llegó a convertir el guion en película por la razón más común en estos casos, la falta de financiamiento. Sólo consigo leer fragmentos del guion pero, después de leer una novela, ver en qué la convierte un guionista como Claus es un lujazo. Lo que confirma, como si fuera necesario, que la buena literatura es como la deliciosa tarta pascualina, un panqueque sobre otro panqueque, el relleno placentero al medio y el conjunto de todo eso.  Por encontrarle un defecto a la novela de Eekhoud diría que la figura de Guidon Govaertz, el joven pastor del que se enamora el conde  que huye ...

El tiempo y unos altramuces

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EN los tiempos del Nickjournal, allá por el año de la pera, destacaban en ese sitio quienes escribían con nombres breves como M, AS o Tse, cuanto más breves mejor. M ahora escribe en El País , Tse escribe a veces en El Mundo y AS, que resultó llamarse José Antonio Montano, escribe en The Objective . Si hablo del Nickjournal es porque este libro de Montano recopila una selección de sus columnas desde esa época hasta el presente, un periodo de veinte años en el que ha escrito en varios medios. El tiempo protagoniza estas columnas. El tiempo, su materialidad, sus figuraciones. Se trata de un protagonismo paradójico porque a la vez que se presenta el tiempo se escurre y nos esquiva. El columnista lo coge por los cuernos sin embargo, como hace el forcado con el toro en la corrida portuguesa, y lo despliega sobre la arena, así sea esquivo, escurridizo y escamoteado. Allí está, allí se queda. 2004 fue el año de la masacre de Atocha, una herida  abierta  para siempre. 2017 y los pre...

El abrazo

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  EN el Sevilla-Barcelona de ayer hubo un momento sobre el que vale la pena volver. Cuando Fermín López marcó el segundo gol del Barça lo celebró con sus compañeros como es habitual y luego de pronto pareció recordar algo y corrió hacia el borde del campo para darle un abrazo a su entrenador.  Se conoce que había pensado que si marcaba lo haría (y buscó el gol con ahínco durante todo el partido) pero luego cuando lo consiguió se dejó sumergir por las emociones de la celebración y a punto estuvo de olvidarlo. Se acordó a tiempo sin embargo y su gesto está hoy en las portadas. A menudo se lo llama deporte de alta competición para justificar los dedos en el ojo, los codazos a destajo y las patadas a mansalva. A veces en cambio un chaval bendecido por la gracia se sale de los márgenes y no se olvida de ser agradecido.

El incomido

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PUEDE SER que al origen de esta novela estén estos versos de Borges, extraídos de su  Fundación mítica de Buenos Aires : Pensando bien la cosa, supondremos que el río  era azulejo entonces como oriundo del cielo  con su estrellita roja para marcar el sitio  en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.  Esto porque El Entenado cuenta la historia de un recién desembarcado, como Díaz, al que, tras comerse a su capitán y a sus compañeros en guisa de bienvenida,  los indios  no se comieron. Por qué no se lo comieron los indios lo explica el incomido al final de la aventura, aunque su respuesta quede sujeta a interpretaciones.  Los argentinos llaman a Juan Díaz de Solís «el comido» y, como Saer no tiene a bien dar un nombre al entenado, bien podríamos llamarlo no sé si el incomido o el ayunado. Porque, ¿cuál es el antónimo de comido?  El entenado no ayunó, como Juan Díaz, sino que fue ayunado. A partir de esta circunstancia, Saer elabora una...

Si vas a París te recomiendo la torre Eiffel

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  BÁRBARA MINGO ha escrito este libro precioso.  En su comentario , Montano subraya la dificultad de comentarlo puesto que «lo mejor que se puede escribir sobre el libro va en el libro: es el prólogo de Daniel Gascón». Con todo, añade que «la escritura es ligera y libre, precisa, cantarina, saltarina, ¡con humor! Transcurre con un talento despreocupado que suscita complicidad. La alegría tan delicada que produce su lectura (una alegría que se roza con la melancolía) tiene un efecto celebratorio de este mundo raro».  En el citado prólogo del libro, Gascón dice por su parte que su autora es «emocionante sin ser cursi, mística sin monsergas, natural y misteriosa: es una poeta panteísta y una humorista. Al leerla, al entrar en su longitud de onda, la realidad se vuelve más intensa, se ilumina».  Y ahora que los he citado a ambos me doy cuenta de que la dificultad a la que alude Montano la tengo yo por partida doble. A ver si puedo salvarla poniendo dos o tres citas ...

Desde el fin del mundo sobre el fin del mundo

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NO TENGO fuerzas para rendirme, afirma Bruno, un personaje de uno de los relatos de Adolfo Estrella. Dos relatos más adelante, un pintor descreído se ciega a sí mismo con los cascotes de la botella de vino en la que se ha gastado el dinero que tenía para comprar pintura. ¿Es esa su manera de rendirse o de no rendirse?  El Renacimiento supuso un rencuentro con la fe que el ser humano tuvo en sí mismo durante el clasicismo greco-romano. El romanticismo que lo sucedió representó por su parte una ruptura radical con ese optimismo: poco puede el hombre frente a la desmesura de la naturaleza.  Dos siglos más tarde tal vez estemos viviendo una secuencia similar. La posguerra, los llamados treinta años gloriosos, fue un periodo en el que la fe en la mejora sustancial de las condiciones de vida de la población, en el progreso de la humanidad, fue mayoritaria. Y a esa fe renacentista la ha seguido el llamado ecopesimismo, la creencia en la inminencia del colapso.  Los trece relatos...

Dos islas turcas

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¿POR QUÉ no hay conejos en esta isla si se llama Isla de los conejos?, le pregunta un joven conversador a un guardia de ese minúsculo territorio turco en la frontera con Grecia. Acompañando el gesto a la palabra la respuesta del uniformado es radical: All rabbits were taken to another island . Me acuerdo de esta historia porque leyendo a Loti me entero de que en 1910 el Gobierno turco decidió suprimir a los perros callejeros de Estambul y los envió por miles a la isla desierta de Sivriada, donde los animales privados de agua y de comida aullaban al paso de los barcos, reclamando ayuda ingenuamente a quienes los condujeron a esa muerte atroz. Dos meses duró el calvario de esos perros en la que Loti llama la Isla del suplicio. Cuenta también que no todos los estambulíes se prestaron a la masacre canina, porque temiendo un castigo divino algunos se rebelaron contra la medida y escondieron muchos perros en sus casas o lugares de trabajo e incluso en algún regimiento, como hizo un capitán ...