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¿Sólo se bañan una vez al día?

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  TRES o cuatro cosillas antes de cerrar de una vez la novela de Ramanujan .  Ese chiste que dice que dos ingleses naufragan en una isla desierta. Treinta años después el capitán del barco que los rescata se sorprende al enterarse de que nunca se han dirigido la palabra. Cuando pregunta por qué, uno de ellos responde: Es que no nos han presentado. Muchas bromitas con la cocina inglesa. Muchas bromitas y mucho cordero asado. Salvo los viernes, que ponen rodaballo. Y el rodaballo es el cordero asado de los pescados. Epatante el éxito social de Bertrand Russell, en particular entre las mujeres. Además de esposa tiene un montón de amantes, lo que no deja de extrañar a Hardy, ya que, según él, Russell tiene una acusada halitosis. Para sobrellevar un inconveniente los ingleses toman té. Para festejar un acontecimiento, los ingleses toman té. Después del amor , los ingleses toman té. Otro uso del té: para dar a unas cortinas de cretona un aspecto de llevar colgadas muchos años en una...

Por un plato de lentejas

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  ¿QUÉ BICHO LE PICÓ al matemático Ramanujan para dejar a sus invitados con la boca abierta? Se conoce como  choc cultural ese momento de desconcierto que vive una persona ante la reacción de otra culturalmente diferente, reacción que juzga inapropiada o al menos incomprensible. Intentar entender mejor esas situaciones para ver qué nos dicen sobre nosotros y nuestra relación con el otro ha llevado a desarrollar ejercicios más o menos metódicos de análisis en los que trabajé yo mismo durante unos años.  Recordé todo esto leyendo El contable hindú , la novela de David Leavitt que cuenta el paso de Srinivasa Ramanujan, lumbrera india de las matemáticas, por el Cambridge de inicios del siglo XX. Como no podría ser de otra manera, todo el recorrido de Ramanujan en Inglaterra está jalonado de incomprensiones múltiples pero hay una que resulta particularmente curiosa y tal vez por lo mismo decidora. La expongo en dos palabras:  Sólo hay un puñado de indios en Cambridge en ...

En los trópicos la proporción se invierte

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  LOS CAZADORES arrastran al leopardo muerto hasta la aldea más próxima. Allí los aldeanos le quitan la piel que, una vez curtida, es lo único que los cazadores conservan de la presa. Antes de desollarlo los lugareños hacen desaparecer los bigotes del felino, que venderán a precio de oro en el mercado de amuletos.  Esta es una entre las mil y una anécdotas que hormiguean en esta novela birmana. Tengo la mala costumbre de dibujar flechas en los bordes de las páginas para retener lo que me parece interesante. El número de flechas viene siendo así la medida del interés de une libro. Este ha quedado tan saeteado como un Sebastián pintado por un barroco. Un coronel inglés no usa mosquitero porque al dormirse está tan borracho que no siente las picaduras de los mosquitos. Y al amanecer los mosquitos ya no lo pican porque están completamente borrachos.  Los campesinos birmanos no engrasan los ejes de sus carretas porque no tienen dinero para grasa aunque Orwell sospecha que no l...

Días de agosto en Lyon

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DÍAS de sol radiante y calor seco y de luna creciente al atardecer y las primeras estrellas fugaces. La región se llama de los Montes leoneses. Desde estos montes que rodean Lyon bajan cuatro ríos que llevan agua hasta los dos grandes cursos de la planicie, el Saona y el majestuoso Ródano, que confluyen en Lyon y llevan el agua de los Alpes y los Vosgos al Mediterráneo. Tanta agua y sin embargo comienza a escasear y si las piscinas espejean todavía bajo el sol del mediodía los jardines se secan y de tarde en tarde se viene abajo un roble vapuleado por la sequedad. Para resolver la cuestión del agua y hacerla llegar hasta lo alto de Lyon, que entonces era la capital de la Galia romana, los galo-romanos inventaron en esta tierra el puente-sifón, artilugio que les permitía superar las desnivelaciones del terreno sin tener que elevar los acueductos en demasía. Los vestigios de estos acueductos impresionan con sus juegos de teselas sobrevivientes en medio de un paisaje bucólico cuyas escena...

El hijo de Marc Chagall se llama David McNeil

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DAVID McNEIL es hijo del pintor Marc Chagall. Por qué se llama David McNeil y no David Chagall es parte del cuento, aunque no está de más saber que en su Bielorrusia natal su padre no se llamaba Marc Chagall sino Moïche Chagalov. Sobre este asunto nominativo y tras la lectura de este libro se abre una pista sencilla: la vida sentimental de los padres del niño David era compleja.  Cuenta McNeil que a los cinco años él encontraba malo lo que su padre pintaba. Sus propios dibujos de niño, en cambio, sí que le gustaban. Un día en que estaba Joan Miró de visita, el pintor barcelonés lo miró dibujar y dijo esto: Me llevó sesenta años dibujar como David. Lo que lo reforzó al niño en la idea de que en materia de artes plásticas él lo hacia mejor que su padre. Sin embargo cuando se hizo mayor David no quiso ser visto como el hijo del genio de la pintura que fue su padre y buscó su propio camino en la música y la escritura y lo encontró sobradamente. Chagall por su parte estaba con...

Me quito la boina

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LA ALEGRÍA se va templando pero no se quita. Alcanza para decir que los elogios tienen buenas razones: el golero una garantía, tan sólidos los defensas como eficaces los mediapuntas y los extremos de vértigo. Los ingleses defendían bien y el marcador no se movía de cero. Comenzaba el segundo tiempo y se había lesionado Rodri, el que marca los tiempos y los compases, el que luego sería coronado como el mejor jugador de la Eurocopa. Mal momento parecía. Comenzaban los 45 minutos decisivos y faltaba el metrónomo del equipo. Pero pronto cayó ese gol de película de Nico Williams y cuando Inglaterra empató el partido, Oyarzábal marcó y lo hizo en el momento justo, a tres minutos del final. Aun hubo que pedirle peras a Olmo que las dio con gusto, como alguno dijo.  Y la ausencia del mejor jugador de la Eurocopa no se notó. El mérito es de todos, del que dirige el equipo, de los titulares y de los remplazantes que en todos los casos hicieron olvidar a los remplazados. El que remplazó al me...

Me llevan los demonios

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«MI ABUELA estaba loca. Era histérica. Se desmayaba por todo y por nada. Porque la contradecían, porque la contrariaban, por cualquier pequeñez. O simplemente porque se aburría».  Este es el mejor comienzo de novela en lo que va de año. Démons me turlupinant , título del cuadro de James Ensor que puede verse arriba y del libro en cuestión, puede traducirse como  Me llevan los demonios. Se trata en efecto de   una historia de demonios ensorianos desatados. El abuelo de Declerck era el callista de Ensor en Ostende y el pintor, que no era propiamente pobre pero no tenía un cobre, le pagaba con dibujos y grabados, lo que hace de esos cuidados pedestres los mejor retribuidos de la historia de las uñas de los pies. La aventura de Declerck, protagonista de su propia novela, acaba (o comienza) cuando, a los 16 años, decide huir de su abuela histérica y de unos padres que han perdido la gracia que les veían sus ojos de niño, e intenta llegar al Uruguay para unirse a la guerri...