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Me quito la boina

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LA ALEGRÍA se va templando pero no se quita. Alcanza para decir que los elogios tienen buenas razones: el golero una garantía, tan sólidos los defensas como eficaces los mediapuntas y los extremos de vértigo. Los ingleses defendían bien y el marcador no se movía de cero. Comenzaba el segundo tiempo y se había lesionado Rodri, el que marca los tiempos y los compases, el que luego sería coronado como el mejor jugador de la Eurocopa. Mal momento parecía. Comenzaban los 45 minutos decisivos y faltaba el metrónomo del equipo. Pero pronto cayó ese gol de película de Nico Williams y cuando Inglaterra empató el partido, Oyarzábal marcó y lo hizo en el momento justo, a tres minutos del final. Aun hubo que pedirle peras a Olmo que las dio con gusto, como alguno dijo.  Y la ausencia del mejor jugador de la Eurocopa no se notó. El mérito es de todos, del que dirige el equipo, de los titulares y de los remplazantes que en todos los casos hicieron olvidar a los remplazados. El que remplazó al me...

Me llevan los demonios

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«MI ABUELA estaba loca. Era histérica. Se desmayaba por todo y por nada. Porque la contradecían, porque la contrariaban, por cualquier pequeñez. O simplemente porque se aburría».  Este es el mejor comienzo de novela en lo que va de año. Démons me turlupinant , título del cuadro de James Ensor que puede verse arriba y del libro en cuestión, puede traducirse como  Me llevan los demonios. Se trata en efecto de   una historia de demonios ensorianos desatados. El abuelo de Declerck era el callista de Ensor en Ostende y el pintor, que no era propiamente pobre pero no tenía un cobre, le pagaba con dibujos y grabados, lo que hace de esos cuidados pedestres los mejor retribuidos de la historia de las uñas de los pies. La aventura de Declerck, protagonista de su propia novela, acaba (o comienza) cuando, a los 16 años, decide huir de su abuela histérica y de unos padres que han perdido la gracia que les veían sus ojos de niño, e intenta llegar al Uruguay para unirse a la guerri...

Un señor pas comme il faut

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PERO cómo no han hecho una película con esta historia, me pregunté cuando terminé de leerla, teniendo en cuenta lo de moda que está lo  queer  en el cine y no sólo en el cine. No tuve que buscar mucho, sin embargo, para encontrar un guion  basado en la novela y escrito nada menos que por Hugo Claus, que es de lo mejor que hubo en Bélgica como escritor en el siglo XX. Supongo que Claus no llegó a convertir el guion en película por la razón más común en estos casos, la falta de financiamiento. Sólo consigo leer fragmentos del guion pero, después de leer una novela, ver en qué la convierte un guionista como Claus es un lujazo. Lo que confirma, como si fuera necesario, que la buena literatura es como la deliciosa tarta pascualina, un panqueque sobre otro panqueque, el relleno placentero al medio y el conjunto de todo eso.  Por encontrarle un defecto a la novela de Eekhoud diría que la figura de Guidon Govaertz, el joven pastor del que se enamora el conde  que huye ...

El tiempo y unos altramuces

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EN los tiempos del Nickjournal, allá por el año de la pera, destacaban en ese sitio quienes escribían con nombres breves como M, AS o Tse, cuanto más breves mejor. M ahora escribe en El País , Tse escribe a veces en El Mundo y AS, que resultó llamarse José Antonio Montano, escribe en The Objective . Si hablo del Nickjournal es porque este libro de Montano recopila una selección de sus columnas desde esa época hasta el presente, un periodo de veinte años en el que ha escrito en varios medios. El tiempo protagoniza estas columnas. El tiempo, su materialidad, sus figuraciones. Se trata de un protagonismo paradójico porque a la vez que se presenta el tiempo se escurre y nos esquiva. El columnista lo coge por los cuernos sin embargo, como hace el forcado con el toro en la corrida portuguesa, y lo despliega sobre la arena, así sea esquivo, escurridizo y escamoteado. Allí está, allí se queda. 2004 fue el año de la masacre de Atocha, una herida  abierta  para siempre. 2017 y los pre...

El abrazo

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  EN el Sevilla-Barcelona de ayer hubo un momento sobre el que vale la pena volver. Cuando Fermín López marcó el segundo gol del Barça lo celebró con sus compañeros como es habitual y luego de pronto pareció recordar algo y corrió hacia el borde del campo para darle un abrazo a su entrenador.  Se conoce que había pensado que si marcaba lo haría (y buscó el gol con ahínco durante todo el partido) pero luego cuando lo consiguió se dejó sumergir por las emociones de la celebración y a punto estuvo de olvidarlo. Se acordó a tiempo sin embargo y su gesto está hoy en las portadas. A menudo se lo llama deporte de alta competición para justificar los dedos en el ojo, los codazos a destajo y las patadas a mansalva. A veces en cambio un chaval bendecido por la gracia se sale de los márgenes y no se olvida de ser agradecido.

El incomido

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PUEDE SER que al origen de esta novela estén estos versos de Borges, extraídos de su  Fundación mítica de Buenos Aires : Pensando bien la cosa, supondremos que el río  era azulejo entonces como oriundo del cielo  con su estrellita roja para marcar el sitio  en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.  Esto porque El Entenado cuenta la historia de un recién desembarcado, como Díaz, al que, tras comerse a su capitán y a sus compañeros en guisa de bienvenida,  los indios  no se comieron. Por qué no se lo comieron los indios lo explica el incomido al final de la aventura, aunque su respuesta quede sujeta a interpretaciones.  Los argentinos llaman a Juan Díaz de Solís «el comido» y, como Saer no tiene a bien dar un nombre al entenado, bien podríamos llamarlo no sé si el incomido o el ayunado. Porque, ¿cuál es el antónimo de comido?  El entenado no ayunó, como Juan Díaz, sino que fue ayunado. A partir de esta circunstancia, Saer elabora una...

Si vas a París te recomiendo la torre Eiffel

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  BÁRBARA MINGO ha escrito este libro precioso.  En su comentario , Montano subraya la dificultad de comentarlo puesto que «lo mejor que se puede escribir sobre el libro va en el libro: es el prólogo de Daniel Gascón». Con todo, añade que «la escritura es ligera y libre, precisa, cantarina, saltarina, ¡con humor! Transcurre con un talento despreocupado que suscita complicidad. La alegría tan delicada que produce su lectura (una alegría que se roza con la melancolía) tiene un efecto celebratorio de este mundo raro».  En el citado prólogo del libro, Gascón dice por su parte que su autora es «emocionante sin ser cursi, mística sin monsergas, natural y misteriosa: es una poeta panteísta y una humorista. Al leerla, al entrar en su longitud de onda, la realidad se vuelve más intensa, se ilumina».  Y ahora que los he citado a ambos me doy cuenta de que la dificultad a la que alude Montano la tengo yo por partida doble. A ver si puedo salvarla poniendo dos o tres citas ...