Subir a la Alhambra por el Realejo
SUBIR a la Alhambra por el Realejo, probablemente la Granata de los judíos del tiempo de entonces, hoy un barrio de cármenes que describe con gracia Brenan en Al sur de Granada (un caballero español de visita en una casa de ingleses en el Realejo se pregunta qué extraño ritual es ese de interrumpir la conversación al atardecer y mirar aquel lugar rosado de la montaña).
La Alhambra hay que verla por dentro, no diré lo contrario, pero últimamente hay que reservar sitio por correspondencia porque la demanda anda algo disparada. Entretanto en el adjunto Palacio de Carlos V se pueden visitar graciosamente los dos museos que alberga, el de la Alhambra y el de Bellas Artes.
De este último, menciono a Juan Sánchez Cotán, que nació en Orgaz y fue monje cartujo en Granada, y a Alfonso Cano (su Virgen del lucero) y pongo aquí cuatro piezas de Manuel Gómez-Moreno, el gran pintor granadino del XIX, algo olvidado hoy, eclipsado tal vez por la figura del arqueólogo e historiador homónimo, su hijo, al que retrató cuando mozo, que me se quedaron en la retina:
Nuestra señora de la soledad (a no ser que se trate de una Magdalena penitente, que tiene mucho de la del Carabacho) y su San Juan de Dios salvando a los enfermos del incendio del Hospital Real, que ilustra un episodio ocurrido en la ciudad dos siglos antes y por el que Juan de Dios ha sido declarado santo patrono de los bomberos, de los enfermeros y de los socorristas y no sólo de Granada. Qué menos.