El olor del floripondio

LA distancia que separa un lugar de otro lugar puede ser circular. Circular de uno al otro toma 2112 kilómetros en nuestro caso. Años que no los recorríamos por tierra. Durante el trayecto me distraigo con la toponimia: Dœuil-sur-le-Mignon, Cortineau, Madrigal del Monte, Fresno de la Fuente, Báscula de Pesaje, Cogollos, Milagros, Maracena (la Macarena disléxica) y los inevitables Guarromán y Despeñaperros. Y con las cuencas hidrográficas: del Duero al Tajo, del Tajo al Guadiana y del Guadiana al Guadalquivir, y así hasta los dos ríos de Granada (Los dos ríos de Granada bajan de la nieve al trigo), el Darro y el Genil, y de los dos ríos de Granada a los dos ríos de este pueblo, el Verde y el Seco.

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EL viaje por tierra permite gestionar mejor la ansiedad de anticipación que todos cargamos, unos mucho y otros nada. Salvando valles entre los montes vascos nos acordamos de la tela de Valentín de Zubiaurre que veremos mil kilómetros adelante, en el Thyssen de Málaga. Todo es tal como muestra la imagen aunque echamos de menos a los dantzaris recostados. Será porque llevamos mucho rato sentados.

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SEGÚN nos acercamos a Madrid se multiplican los avisos luminosos previniendo a los conductores de no mirar el móvil. De pronto un cochecito nos adelanta de mala manera y a punto está de accidentarnos. Entreveo que la conductriz va mirando el móvil.

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EN este pueblo hay diez mil palmeras. Lo sé porque ayer comenzó la temporada anual de poda, la esquila de la palmera. Diez mil palmeras parece una cifra apabullante. Y sin embargo no son tantas contando con que en Elche hay doscientas mil. Se me ocurre juntar imágenes de palmeras y exponerlas en el Paseo marítimo. Luego pienso que más vale alinear imágenes de especies vegetales de las que el Paseo marítimo carece, porque exponer palmeras entre las palmeras resultará redundante. Este es el cómputo: Diez mil palmeras, veinte mil almas, cuarenta mil palmas de la mano.

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SI hay diez mil palmeras en el pueblo habrá otros tantos perros. Esta mañana iba a saludar al sol pensando que la profusión mimética lleva a que por el mecanismo de ver caras en las cosas ya no veas caras de gente sino caras de perros. En ese mismo momento asomó el perro más bonito de la comarca, un podenco trípode. La pata de la que carece se la hirió un cepo. Sus amos lo abandonaron en un refugio donde los demás perros le mordían la pata herida una y otra vez, al punto de que el veterinario tuvo que cortársela. Ahora ya recuperado de tan mal paso admira verlo compensar su carencia con un reajuste impecable en sus movimientos. Emociona incluso. En el refugio lo bautizaron Sparrow («por el capitán aquel de la película»). De Sparrow a Parro hay un paso. El perro Parro.

Más sobre perros. Anoche un hombre iba y venía por el Paseo marítimo dando voces sobre una moto. «Coco...», llamaba, «Coco...». Entiendo que buscaba a su perro. Los animalicos no sólo dan compañía y alegrías.

Sobre escapadas de perro, esta ya la habré contado: Una mañana se escapa el perro de los vecinos. Menuda escandalera por las escaleras. El perro sale por la puerta del edificio y delante de la inmensidad del mundo tira para la cola, como se dice, mete la cola entre las piernas y se da la vuelta. A los perros se los trata ahora como a niños mimados. Aunque no a todos. A este perro escapadizo los vecinos lo tratan como a un adolescente. Chiquillo malcriado, escucho que le dicen, te quedas sin Instagram hasta mañana.

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DE vez en cuando hablando con los paisanos suelto alegremente algún americanismo. Lo noto por su gesto ojiplático. Los últimos que recuerdo: hollejo y gangocho. Y resulta que sólo uno es un americanismo. Me pasa también en el otro sentido, cuando se me escapa allá algún casticismo, a pesar de que de esto ultimo me cuido.

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EN Mágala vamos al Thyssen ella y yo a la Luces, a la presentación de este libro. De la épica del ciclismo, del héroe coronado o derrotado, se hace cargo Montano y de la traducción literaria Irles, estupendamente. En el muelle se nos acerca un rapaz. Viene llegando de Lisboa y Málaga  supone su primer contacto con España. Es de Natal y se ve que tiene ganas de hablar. Que haya escogido entrar a España por Málaga dice mucho del atractivo que esta ciudad ejerce. El está encantado. Tanto que acaba por admitir que Málaga é tão bonita quanto o Natal, lo que para un brasileño ya es mucho decir. Hablando de Brasil y Portugal le pregunto si conoce el Fado tropical y no sé cómo es que nos encontramos cantándolo a pleno pulmón. Cantamos regular, porque ningún turista nos echa ni un mísero cruzeiro en la gorra.

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LA palabra más escuchada en el Paseo marítimo por ahora es antiinflamatorio. Infarto y paro cardíaco (no sé si son lo mismo) también se escuchan a menudo. Puede ser un fenomeno estacional porque en otras ocasiones las conversaciones giran más bien en torno a la cuestión inmobiliaria: compraventas, alquileres, reformas. Lo mejor que he escuchado hasta ahora viene de un hombre que le cuenta a su amigo que desde que toma leche sin gluten le va mucho mejor. A otro le escucho la que me parece la mejor manera de despedirse: Ahí os quedáis. El Quijote se despide diciendo Vale. Este hombre, en cambio, dice Ahí os quedáis y es aun mejor.

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UNA buena costumbre es pedir tres deseos cuando se toma una fruta por primera vez en la temporada. Lo mismo habría que hacer con los olores. El primer olor del jazmín, el de la guayaba, el del floripondio. Lo sentimos en el cine al aire libre bajo la sombra de una rama de buganvilia y el vuelo de las pipistrelas atraídas por la luz de la pantalla. Parece poesía y tal vez lo sea, aunque tal vez falten los estorninos. La película es buena, sin más.

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Las imágenes que esto ilustran están disponibles aquí. Una manera como otra de repartir mejor la carga.

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