Nataniel, d'après Rembrandt

LA ISLA FRISA en la que Nataniel vive el último tramo de su vida es tan plana y está tan desprovista, que cuando él grita el nombre de la que fue su mujer el inmenso silencio que lo rodea no le devuelve ni siquiera el eco de ese nombre, Saraï.   

A diferencia de Adriano, emperador romano, y de Zenón, alquimista renacentista, dos de los personajes más señalados de Yourcenar, Nataniel, protagonista de Un hombre oscuro, uno de los tres relatos que componen este libro, es un un solitario empedernido y un desconocido para sus contemporáneos.

Detallando su vida y sus contactos con el mundo, la descripción de la naturaleza exterior y su propia naturaleza y la de sus congéneres alcanza en manos de Yourcenar tal profundidad que da un poco de vértigo lector.  

Lo mismo con su descubrimiento de la música y la pintura. Después de todo Nataniel vive en el siglo de oro de la pintura holandesa y este relato se llamaba en una primera versión escrita por Yourcenar en sus años mozos, «D’après Rembrandt», nombre que dice haber descartado en esta versión definitiva porque «huele a museo». Sin embargo que es un título que le va como un guante porque este es un relato-retrato, tal como son los que pintaba el maestro holandés, que permiten a quien se detiene a mirar los detalles reunidos en la superficie de la tela entrever los trasfondos del alma humana.

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