Flautas con Violines

POR más concentrado que uno esté en la música en algún momento la sinfonía se alarga y no puedes impedir que el espíritu se despiste. Así fue como mirando la posición que ocupan las cuerdas y los vientos en la orquesta me acordé de que en Santiago de Chile hay una población que se llama Orquesta Sinfónica. Tal cual. Y las calles de esta población tienen, cómo no, nombres de instrumentos. Y es así como tiempo atrás se produjo un esta población un luctuoso suceso. Un asistente a una fiesta quiso llevarse el tocacassetes de su propiedad frustrando a los enfiestados que querían continuar la fiesta. Estos lo persiguieron por las calles de la población, le dieron alcance y lo ultimaron en la esquina de Flautas con Violines. 

Me acordé de esto que cuenta Merino en su Santiago de memoria mientras escuchaba días atrás a la Orquesta Nacional tocar en mi pueblo la Quinta de Mahler, dirigida por Michel Schønwandt. Otro recuerdo con tocacassetes que me vino entonces fue que durante años me levanté de la cama con el inicio de la Quinta que me ponía en un tocacassetes y se activaba a las siete. Ya sé que los trompetazos iniciales de la Quinta componen una marcha fúnebre pero yo los escuchaba entonces y los sigo escuchando ahora como quien oye al alba el canto del gallo. 

Paso revista a las imágenes que asocio con la Quinta por la vía de las grabaciones, imágenes que son, como no, antojadizas. Una sinfonía compone un mundo, decía Mahler, en un mundo cabe de todo y por ese camino aparece la imagen de la Muerte en Venecia, con el vaporetto entrando en el puerto al ritmo del adagio. En el adagio, que Mahler dedicó a Alma, sólo intervienen las cuerdas y lleva la voz cantante el arpa. Imposible no ver a Alma en la figura de la arpista.

Frente a la orquesta esa noche las imágenes las ponen también la espalda curvada del director, el pelazo de una violinista, la enorme tuba al fondo a la derecha. Al inicio del ultimo movimiento de pronto una pareja se levanta del asiento y sale de la sala discretamente. Seguida por otra. Por suerte el movimiento de fuga se detiene allí porque tampoco la sala está repleta y a la hora de los aplausos tenemos que ser los suficientes como para que no se nos cansen las manos antes de tiempo. 

Nunca se aplaude lo bastante a la orquesta, ese milagro de armonía y conjunción. 

Gustav Mahler, Fifth symphony / Dir. Claudio Abbado / Deutsche Grammophon &  Le Monde vol. 28. - Online auction / Online bidding - Price - OneBid

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