Dos vueltas por la India


EL VIAJE por la India es una vieja tradición literaria en la que se inscriben diestramente estos dos libros, Nocturno hindú, de Antonio Tabucchi, y El tren a Travancore, de Rodrigo Rey Rosa. 

Son o presentan dos recorridos que se estiran a su manera y coinciden en un punto, el ashram de la Sociedad Teosófica de Adyar. Los dos narradores se parecen también a sus recorridos y entre ellos en el sentido de que ambos juegan a mostrarse y esconderse. La distinción entre narrador y protagonista, por ejemplo, se vuelve opaca en sus relatos y a cambio asoma una trama que tiene su punto de mareo existencial. En un caso no está claro si el que habla va detrás de su alter ego porque no sabe qué hacer consigo mismo o por otra razón que qué más da. En el otro, está claro que el narrador nos engaña a todos deliberadamente y los lectores se lo consentimos por la gracia que nos hace.

Un libro suele mostrar y esconder las lecturas del autor antes y durante la escritura y las ramificaciones que estas provocan en unas citas más o menos implícitas. Así, estos dos relatos funcionan como guías de viaje que van a lo esencial que, como se sabe, suele ser lo accesorio. Como con este dato accesorio que podría revelarse como esencial: Las suturas craneanas en forma de sierra son la escritura del dios Brahma y en esos caracteres indelebles está escrito el destino de cada ser.

Lo digo porque en mi caso se da la circunstancia de que iba estar por estos días recorriendo la India. No ha podido ser por ahora y por eso mismo decidí releer estos relatos y ha sido una relectura placentera y provechosa. Y ya de paso he podido darme dos vueltas por la India a un precio módico y en un mismo movimiento.

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