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Mostrando entradas de febrero, 2026

Vuelta a Bartok

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VUELVEN al pueblo los músicos de la Orquesta de cámara Mediterránea a tocar las Danzas rumanas , de Bartok. Cada vez las tocan mejor. Este año han compuesto un programa, Perpetuum Immobile se llama, en el que Richter, Britten, Park Sang Hee, Glass y Eunadi arrebujan al húngaro.  Cuando Bartok compuso estas Danzas, su región natal era húngara, como él. Tras la Gran Guerra pasó a ser rumana y así es como estas Danzas, de ser llamadas húngaras, pasaron a llamarse también rumanas.  Por entonces Bartok atravesaba un mal momento. Al bajonazo que supuso la guerra se sumaron unas cuantas decepciones personales. Salió adelante yéndose al campo a escuchar a los músicos de su tierra, a recopilar y estudiar sus melodías, y sobre esa base las compuso .  Cada día me gustan más.

El sol

DURANTE el invierno se da en este pueblo un fenómeno singular y esto es que como si de una isla se tratase el sol asoma y se pone por el mar.  Ahora que se va acabando el invierno —y muy bien que se acabe este invierno lluvioso, salvo por ese detalle— hoy ha sido el último día en que el sol ha salido limpiamente por el mar. Mañana lo hará ya en parte por el continente, por la punta de la Chucha. Del otro lado ya lleva unos días poniéndose sobre la punta de la Mona. Ambas puntas son la delimitación natural de esta doble bahía.    Que el sol se vaya a la Chucha al alba y a la cresta de la Mona por las noches no me lo invento yo sino que lo dice la toponimia, quien quiera comprobarlo no tiene más que abrir un mapa.

El primero entre los borgeanos

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BIOY fue el primer borgeano y el primero entre los borgeanos, el cómplice consumado de Borges. Tanto así que ambos escribieron a cuatro manos obras que firmaron con un nombre común y Borges juzgó una novela escrita por Bioy como perfecta.   ¿Cómo te quedas s i Borges juzga un libro tuyo como perfecto? Y si todo esto parece poco decir, cabría añadir que Bioy tiene un punto más mundano que su genial amigo y exhibe un humor sagaz e incluso un punto de sutil crueldad. De esto y más dan muestra estos dos relatos, magistrales como los pongas.

El olfato de Olga Tokarczuk

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SE DICE que lo bueno, si breve, dos veces bueno. Este librito es breve y bueno y sin embargo el lugar común no funciona en su caso porque aunque bueno este texto no podría ser sino breve, por el formato impuesto por el editor y porque es difícil imaginar que el diálogo entre una forma de inteligencia artificial y los espectadores de  El Olfato  en un futuro próximo marcado por la crisis climática —cuando el calor es tal que la gente sólo puede vivir de noche—, se estirase aun más.  El Olfato , esa tela pintada al alimón por Bruegel y Rubens —Bruegel el paisaje, Rubens los personajes— que cuelga en El Prado. Un relato que recrea un diálogo entre una forma de inteligencia artificial y los espectadores de un cuadro  del  sXVII, dos maneras de ver separadas por cuatro siglos. Lo mejor de este  Refugio  al que se acogió Tokarczuk en El Prado en la primavera del 2024 tal vez sea su afirmación de que la pintura de paisajes es algo profunda e inevitablemente s...